El ltimo viaje al Mediterrneo

El ltimo viaje al Mediterrneo

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Sorolla en Ibiza. Apenas estuvo 15 días en Ibiza, pero dejó huella. Joaquín Sorolla visitó la isla entre el 11 y el 25 de septiembre de 1919, una estancia en la que le dio tiempo a pintar ‘Los contrabandistas’, encargo del ‘Rey del tabaco’ Thomas Fortune Ryan. Su biznieta, Blanca Pons-Sorolla, y Rafael Mateu de Ros darán mañana detalles de su influencia en los pintores ibicencos y de aquel viaje, la última vez que vio el Mediterráneo que tanto le había inspirado.

«Yo os prometo que el año que viene pasaré una buena temporada aquí porque es esto muy bonito y la campiña, principalmente, me encanta». Joaquín Sorolla (Valencia, 1863; Madrid, 1923) no pudo cumplir aquella promesa que hizo el domingo 22 de septiembre de 1919 a los 34 asistentes a una comida (a 10 pesetas el menú) ofrecida en el hotel Marina de Vila. Un año más tarde sufría un derrame cerebral, que le dejó hemipléjico, mientras pintaba el retrato de la mujer de Ramón Pérez de Ayala en el jardín de su casa madrileña. No pudo reponerse ni, mucho menos, regresar a Ibiza. De aquel viaje que realizó a la isla el pintor valenciano, que la visitó entre el 11 y el 25 de septiembre, dará cuenta Blanca Pons-Sorolla, biznieta del artista, mañana en el Club Diario de Ibiza, donde dará la conferencia ‘El viaje de Sorolla a Balears en 1919. Obras principales’. Rafael Mateu de Ros continuará la charla hablando de ‘La influencia de Sorolla en los pintores ibicencos de la época’.

La biznieta de Sorolla (y nieta de María, la hija mayor de Sorolla), que se dedica a investigar sobre la vida y extensa obra de su antepasado, explicará «el momento» existencial del artista en el que realizó aquella visita: «Fue el último viaje que hizo a su Mediterráneo. Le dio un derrame cerebral al año siguiente, de manera que no pudo volver a Ibiza, pese a que era su intención. Llegó a la isla justo en el momento en que había acabado la decoración, con su ‘Visión de España’, para la biblioteca de la Hispanic Society of America». Era una magna obra compuesta por 14 grandes paneles pintados al óleo sobre lienzo– en los que no estaban incluidas las Balears– que le había encargado el mecenas Archer M. Huntington.

«La intención de aquel viaje fue pintar, en los acantilados de Ibiza, el cuadro de ‘Los contrabandistas’. Aunque no los conocía, le habían hablado de esos parajes por los que los contrabandistas ascendían con los fardos a la espalda. Tenía en mente ese cuadro. Era un encargo que tenía de uno de sus mecenas americanos, Thomas Fortune Ryan», cuenta Pons-Sorolla. A Fortune se le conocía por el apodo del ‘Rey del tabaco’, por ser el producto que le hizo millonario.

Aquel cuadro, un óleo sobre lienzo de 84 por 165 centímetros, se encuentra actualmente en una colección particular madrileña, afirma la biznieta del artista. Mientras lo pintaba, el ibicenco Narcís Puget le retrató. Esa imagen fue publicada el 19 de octubre de 1919 en la revista Blanco y Negro con un breve pie: «El gran pintor Sorolla tomando apuntes para su hermoso cuadro ‘Los contrabandistas’». Debajo se podía leer un artículo de Wenceslao Fernández Florez sobre dos exministros corruptos.

En s’Aranyet

Sorolla empezó a dibujarlo el 15 de septiembre en s’Aranyet, junto a es Soto, según publicó Diario de Ibiza el 19 de septiembre de 1919: «Una maravilla de colorido», dijo el redactor de es Diari de él. En la imagen tomada por Puget se observa cómo una enorme piedra cuelga como contrapeso del caballete, quizás para que no se lo lleve el viento debido a las dimensiones del lienzo, dividido en dos partes y sujeto tanto por el trípode como, en su lateral derecho, por un palo de madera. Sorolla porta un sombrero y una camisa blanca de manga larga, y en su mano izquierda sostiene la paleta. Mantiene el equilibrio ligeramente inclinado hacia la izquierda, pues en el lugar escogido para plasmar la escena, un suelo rocoso lleno de pedruscos, hay pendiente. La caja con las pinturas y pinceles reposa, abierta, a su derecha, al sol, muy cerca de la pequeña sombra que el cuadro crea al sol del mediodía.

«Es interesante –explica Blanca Pons-Sorolla– ver en qué condiciones pintó esa obra un artista maduro como Sorolla. Eso se aprecia en aquella fotografía en la que Narcís Puget le inmortalizó mientras pintaba en s’Aranyet, en las rocas, casi cayéndose. Es realmente espectacular». Sorolla, añade, «no era entonces tan mayor, aunque en esa época la gente acusaba más la edad. Tenía 56 años. Tuvo el derrame cerebral un año después. Ya había tenido señales de alerta, ictus, en los años 1915 y 1916, que le llevarían a esa parálisis de 1920».

Cuando llega a Ibiza, a bordo del vapor ‘Jaime II’ y procedente de Palma, «acababa de hacer un parón en su actividad febril, cuando pintaba los paneles para la biblioteca de la Hispanic Society of America, que le llevaron dos años». En ese momento, «sus obras responden a la madurez, a saber ya pintar como los ángeles. Tenía en esa época una gran facilidad para componer. Con poco, pues hay cosas que son levísimas, era capaz de dar una idea clara de la luz, del ambiente del instante captado» por su paleta. Sorolla viajó a la isla con su discípulo Santiago Martínez, quien lo retrató mientras trabajaba en es Soto.

Incansable

Blanca Pons-Sorolla señala que su bisabuelo «era un personaje incansable que no solo pintó, sino que también visitó la isla para conocerla y documentarse, con ese afán suyo de saber lo mejor de su país». Las crónicas de es Diari dejan claro que, además de aquellas tres jornadas para pintar en s’Aranyet, no paró un momento. Le acompañaron en su periplo por la isla el alcalde de Vila, Juan Hernández, el diputado Carlos Román, el secretario del Consistorio Juan Matutes, el canónigo archivero Isidor Macabich y el fotógrafo Narcís Puget. Solo el primer día ya visitó la catedral, el Museo Arqueológico y la Necrópolis del Puig des Molins. Al día siguiente, acompañado de su esposa, su hija Elena y su colaborador y discípulo Santiago Martínez, fue a Jesús para contemplar su valioso retablo.

Durante la charla, Blanca Pons-Sorolla proyectará diversas fotos captadas durante aquellas jornadas, como las tomadas en el acantilado de s’Aranyet. El martes 16 de septiembre, por ejemplo, visitó las excavaciones arqueológicas de Can Cardona, dirigidas por Carlos Roman en el kilómetro 8 de la carretera de Sant Josep. Allí «los visitantes pudieron gozar la impresión de descubrir un sarcófago fenicio, en el interior del cual fueron descubiertos algunos valiosos objetos de cerámica», detallaba el cronista de la época. También visitó, a bordo del vapor ‘Salinas’, es Vedrà, travesía que se perdió el corresponsal de Diario de Ibiza por ser «de los que rinden tributo al mareo». Fue «un trayecto tempestuoso que inspiraría a Narcís Puget uno de los relatos de su guía romántica sobre Ibiza», señalaba Lena Mateu Prats en un extenso artículo publicado en estas páginas hace cinco años.

El mar de Xàbia

Rafael Mateu se centrará «en la influencia» de Sorolla en dos pintores de la época ibicencos, concretamente en Narcís Puget Viñas y en Laureà Barrau i Buñol: «En Puget influyó mucho porque se conocieron en ese viaje a Ibiza. No parece que conociera personalmente a Barrau, pero sí se sabe que este artista viajó en varias ocasiones a Valencia y a Madrid, de manera que pudo conocer el mar de Xàbia, que tanto inspiró a Sorolla, y el Museo Sorolla de Madrid».

De aquel encuentro entre Sorolla y Puget se cuenta una anécdota que Mateu no tiene claro que sea cierta: «No la he visto documentada en ninguna carta». La leyenda afirma que Sorolla instó a Puget a no abusar del rojizo en sus cuadros, recomendación que retiró en cuanto vio el vivo terracota del campo. «Sí habló mucho a Puget –indica Mateu– sobre fotografía porque su suegro, Antonio García, era fotógrafo, como Narcís en esa época y posteriormente su hijo. También, de que le llamó mucho la atención el color rojizo de la tierra de la isla. Más allá de eso, son solo especulaciones».

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