El mueco Jess se pierde el retablo

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    El primer piso de la sacristía de la iglesia de Jesús es un hervidero de reyes, pastorcillas y romanos. Los alumnos de segundo año de catequesis se preparan para el belén viviente que, dentro de diez minutos, protagonizarán en el templo, donde sus padres ya han cogido sitio. Aitana, que interpreta a la Virgen María, destila calma, no es la primera vez que actúa. Lo mismo que Carlota, una de las pastoras, que también tiene alguna experiencia en los escenarios. El párroco, Pere Miquel López, pide que tengan preparado al Niño Jesús, un muñeco «que parece de verdad» que ha comprado para el belén. «Da un poco de miedo», comenta el pequeño que, curiosa casualidad, interpreta a Herodes.

    En la planta baja están ya preparados los alumnos de primer curso de catequesis. Son los primeros en salir. En las manos sostienen, temblonas, las letras de los tres villancicos que interpretarán: ‘Los peces en el río’, ‘Campana sobre campana’ y ‘Noche de paz’. Están un poco nerviosos, afirman mientras la catequista intenta que se tranquilicen.

    Todos llevan desde el mes de octubre preparando las actuaciones, explica el párroco, a los pies del altar, en el que un mural que representa el portal de Belén cubre, a su vez, el mural que sustituye al valioso retablo del templo. De hecho, no han podido emplear el salón parroquial para la representación (que se celebra también en Formentera y en Sant Jordi) porque está ocupado por la pieza, añade López, que preferiría verlo en la iglesia y «bien protegido».

    Cerca de un centenar de personas aguardan a que empiece la función. Muchos de ellos tienen ya, a mano y preparados, los móviles para grabar a sus hijos, nietos o sobrinos que, a pesar de los nervios recogen un buen puñado de aplausos al final de cada uno de los villancicos, tras los que el templo se queda completamente a oscuras. En penumbra y arrullados por el ‘Adeste fideles’ por el sacro escenario desfilan el arcángel Gabriel, la Virgen María, San José, Herodes, los pastorcillos y el muñeco Jesús, que descansa durante toda la función en una caja que algún día estuvo llena de fruta. Las luces se encienden para alumbrar el camino de los Reyes Magos, que cruzan el pasillo de la iglesia cargados de oro, incienso y mirra, los últimos compases del belén antes de los aplausos y la celebración con chocolate caliente.

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