Los arrabaleros ibicencos de la Pantoja

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    La ibicenca Carmen Alcaraz y el catalán Álex Martín, miembros de un club de fans de la artista sevillana, han dado el salto a la moda con su marca Arrabalera tras confeccionar, sin ninguna experiencia previa, siete vestidos para su «musa»

    Hay miles de relatos de soñadores que, de la nada, consiguen aquello que, en su día, jamás pensaron que podrían alcanzar. Resulta curioso, por ejemplo, el caso de Luciano Caprioli, que ahora responde al nombre artístico de Baol Bardot Bulsara, que de adolescente idolatraba a la banda de rock duro noruega TNT y que ha acabado siendo el vocalista y líder del grupo. De algo de esto va lo que sigue a continuación.

    Salvando las distancias, sobre todo en el estilo musical, Carmen Alcaraz, de 37 años, y Álex Martín, de 40, que, aunque no cantan, ni tienen intención de hacerlo, han cumplido «un sueño», jamás imaginado ni planificado. Su historia no dejaría de ser una más de dos emprendedores que intentan labrarse un porvenir en aquello que les gusta, pero, en este caso, hay una cosa más que marca la diferencia: no se explica sin la figura de una de las personas más mediáticas y perseguidas por los paparazzi de este país: la tonadillera María Isabel Pantoja Martín, la mismísima Pantoja.  «Ha sido como un juego de muñecas. Las cosas han ido surgiendo solas. No sabíamos a qué podíamos aspirar. No teníamos ni idea de dónde nos estábamos metiendo. Por eso lo hemos disfrutado tanto», explican. 

    Carmen y Álex son los fundadores de Arrabalera, un atelier de moda, con sede en los bajos de una vivienda (de la familia de Carmen) semiescondida en la zona de Puig d´en Valls, y cuyo nombre ya ha aparecido en los medios nacionales por su vinculación con la famosa cantante. Hasta ahora sólo se sabía eso, el nombre. Detrás hay dos personas: Álex, empresario de Barcelona (propietario de dos cafeterías), y Carmen, de Ibiza, que hasta hace dos años trabajaba en una asesoría laboral. La historia de Arrabalera parece extraída de un cuento o del guion de una película americana.

    El principio de todo

    Pero hay que ir por partes y empezar por el principio. En el caso de Carmen nos tenemos que remontar a su infancia, cuando tenía ocho años. Su padre, Francisco, «admirador» de la música de Pantoja (era la banda sonora de los viajes de la familia a bordo de un Renault 11 que, luego, fue sustituido por un Citröen Xsara), la llevó a ver un concierto de la tonadillera en Marchena, Sevilla. El traje de lentejuelas blanco «brillante, muy brillante» de la Pantoja, y ella, en plena acción, con «la fuerza» que transmite sobre el escenario, dejaron boquiabierta a esa niña. «¡Dios, qué es esto! Me quedé pasmada». Este primer impacto marcó su vida y ahora su carrera profesional. Con 12 ó 13 años repitió concierto, luego a los 16 y a partir de los 18 ya no había quien la parara e ingresó en el club de fans Marinero de Luces, de Córdoba, lo que le abrió las puertas para conocer a la cantante en persona en el camerino  tras sus actuaciones y a participar en algunas comidas en las que ella estaba presente.

    Álex acabó en el mismo club de fans después de «criarse» con la música de la folclórica. «Mi canción de cuna era una de la Pantoja. No recuerdo cuándo fue la primera vez que la vi. Debió ser en un concierto al que me llevó mi madre», intenta recordar. También «la fuerza brutal» de la cantante sobre el escenario le dejó huella. «Es lo que tiene esta mujer: la ves en directo y arrasa». «Es que llena, te llega», añade Carmen durante la conversación que mantienen ambos con este diario en su atelier, su santuario, el espacio donde atienden a sus clientes, diseñan su ropa y exhiben sus primeras colecciones. 

    Las paredes blancas están impregnadas de recuerdos de su incipiente aventura en el sector de la moda, muy recientes todos ellos porque la vida de Arrabalera está siendo como una carrera de 100 metros, sin apenas tiempo para digerir todo lo que está ocurriendo. Entre todas las fotografías colgadas en el atelier, destaca una sobre el resto, tomada tras el concierto de febrero en el Palau Sant Jordi de Barcelona. El momento es único: Pantoja, flanqueada por sus dos ´arrabaleros´, sostiene la camiseta que Álex y Carmen diseñaron para ella con la ya célebre frase ´Cómprate una vida´. La tonadillera la lució el pasado mes de febrero en Perú y causó un terremoto mediático en la prensa rosa. Fue portada en la revista Lecturas y provocó que todo el mundo se preguntara qué era Arrabalera (Arrabalera by Isabel Pantoja, lleva impresa la camiseta). El día que salió la publicación el teléfono del taller de costura no dejó de sonar durante todo el día. «Le mandamos un mensaje a Isabel, y ella se reía y nos dijo: Niños para adelante», recuerda Carmen, que destaca el instinto «protector» de Pantoja.

    El fenómeno fan: «¡Eres mi virgen!»

    Siguiendo con el hilo cronológico de la historia, Álex y Carmen se conocieron, como muchos otros miembros del club de fans, en los prolegómenos de un concierto de la artista sevillana en Barcelona. Conectaron enseguida. A partir de ese momento empezaron a viajar juntos siguiendo las giras de la cantante. Les unió su pasión por la Pantoja, la artista sobre el escenario, no el personaje mediático. «No somos de tirarnos de los pelos, somos más vergonzosos», explica Álex sobre el fenómeno fan. Ambos han presenciado escenas de locura protagonizadas por aquellos seguidores que profesan a Pantoja una fe casi religiosa y le expresan su pasión con alabanzas del tipo: «¡Eres mi virgen! ¡Me muero por ti!». «Siempre que hemos entrado en el camerino, nos hemos quedado rezagados en una esquina, en un segundo plano. Nos limitábamos a esperar el momento para hacernos una fotografía con ella y a darle la enhorabuena por el concierto», indica Carmen. Ella, Carmen, era conocida dentro del club como «la chica de Ibiza» por ser la única que llegaba de tan inusual lugar de procedencia, el del tópico del ´chumba chumba´. De hecho, debido a que para ella era más costoso (económicamente) desplazarse a los conciertos en la Península, algunas veces se le daba preferencia a la hora de acceder al camerino para saludar a su ídolo.

    Carmen tuvo que dejar por un tiempo sus viajes a causa de un embarazo de riesgo, que la obligó a permanecer en reposo. Corría entonces el año 2013. Álex trataba de animar a su amiga desde la distancia enviándole dibujos con mensajes. Uno de estos dibujos, el de una flamenca, fue el principio de Arrabalera. También lo exhiben orgullosos, estampado en una camiseta roja sin mangas, en una de las paredes de su atelier.

    Paradójicamente, como todo lo que tiene que ver con Álex, una persona de lo más curiosa, el diseñador no tenía, en principio, una habilidad especial para dibujar, o al menos no era consciente de ello. «Encontré una vía por la que me dejaba llevar», explica. Siempre de noche, casi como una condición sine qua non, Álex subía al desván de su casa, donde se encerraba con su música y sus rotuladores para adentrarse en su otro mundo. Ahí arriba trazaba y coloreaba esas figuras, sus «kekas», inspiradas en los cuadros de flamencas que tanto le llamaron la atención durante un viaje a Sevilla.

    Carmen no sólo guardaba todos los dibujos que le enviaba su amigo sino que los protegía con esmero en fundas de plástico, y dejaba volar su cabeza. «Ella siempre me decía: ¿Por qué no hacemos algo con esto? Yo me lo tomaba a cachondeo. Haz lo que quieras, le decía. Y un día le dio por hacer camisetas», cuenta Álex. La versión de Carmen sobre este episodio es el siguiente: «Él me decía que le daba vergüenza que se mostraran sus dibujos. Pero yo pensaba, y sigo pensando: ¡Cómo puede ser que la gente no vea esto! Se tiene que ver lo que llevas dentro.

    ¡Sácalo! Es que tú me quieres mucho, me decía, a lo que yo le respondía: Sí, te quiero mucho, pero esto es increíble. Y me dije voy a hacer camisetas, y las hice. Y las vendí todas a través de Facebook», rememora.

    Nace la marca Arrabalera

    Así grosso modo surgió la empresa y la marca Arrabalera. «Lo hablamos mucho por teléfono. Dijimos: vamos a ponerle un nombre. ¿Qué es una arrabalera? Para mí es una mujer que sale de abajo y que con sus propios medios va creciendo. Y así decidimos ser arrabaleros y ver qué éramos capaces de hacer», relata Carmen. «Todo lo hemos ido haciendo poco a poco», sigue, a lo que Álex agrega: «Pero realmente nunca llegamos a pensar en que un día pudiéramos conseguir lo que estamos viviendo ahora». «No hicimos ningún proyecto de empresa ni nada», recuerda Carmen, cuyos únicos conocimientos empresariales eran los que adquirió en la asesoría laboral donde trabajaba hasta hace dos años. La que entonces era su jefa Marilina, hoy su «mejor amiga», la animó «a tirar adelante». «Y me lancé a la piscina », explica, aunque destaca por encima de todo «el apoyo incondicional» de su marido, su madre y su cuñada, «piezas fundamentales» en este puzle.

    Así, Arrabalera echó a andar sin ninguna pretensión ni meta especial. Pero un día sus dos fundadores se plantearon la posibilidad de hacer «un vestido de verdad», más allá de las camisetas. Aquí llega el punto de inflexión, la lanzadera de la marca hacia el cielo. Era mayo de 2014. El club de fans había organizado una comida con Pantoja en un hotel de Fuenlabrada. A Álex se le ocurrió entonces que podían diseñar este primer vestido para su ídolo de la copla y el encuentro en Fuenlabrada era la ocasión ideal para hacerle la propuesta. «Preparé los bocetos, la tela que iba a llevar. Todo en plan profesional», recuerda. Entonces no tenía ni idea de corte y confección, sólo la ilusión de obsequiar a Pantoja con un vestido, el primero, de Arrabalera. «Era una aventura, como aquel que dice: vámonos al desierto», añade Carmen. Aunque no fueron al desierto, sino a Fuenlabrada con los bocetos no de uno, sino de siete trajes bajo el brazo para que su «musa» escogiera el que más le gustase.

    La chica de Ibiza y su amigo, aquellos dos miembros del club de fans que acostumbraban a estar en un segundo plano, dieron un paso adelante y pidieron a la artista si podían hablar un momento con ella en privado. Le explicaron qué era Arrabalera (le gustó el nombre, dicen), le mostraron los dibujos… «Nos metimos en esta historia sin saber cómo íbamos a coser el vestido. No teníamos ni idea», insiste Álex, a quien le pilló por sorpresa la reacción de la cantante: «Los quiero todos, y cuanto antes sea posible». «Lo primero que respondí fue: Isabel, si no tenemos tus medidas», recuerda Álex.

    Toma de medidas en el lavabo

    Lo que vino después es la parte más surrealista y divertida de la historia. La Pantoja, que «impone», reconocen, les enseñó el camino del cuarto de baño para encontrar la privacidad necesaria para medir su anatomía. «Imagínate los tres en el lavabo. Nosotros dos tomándole las medidas, cuando no lo habíamos hecho en nuestra vida», cuentan a carcajadas. Los tres acabaron sentados en el suelo del baño fumando un cigarro. Carmen recuerda que ese día Isabel les dijo que eran «graciosos». «¿Graciosos? A ver cómo hacemos la bata de cola», recuerda Carmen, también entre risas, al rememorar aquel momento de estrés, a la vez que emocionante.

    Metidos ya en el lío, lo primero que hicieron fue buscar a una modista. Carmen recurrió a su prima Carmen Moreno, de Sevilla, «costurera de toda la vida y que se dedica a hacer trajes de flamenca». Carmen, la prima, no daba crédito a lo que le proponía su familiar de Ibiza. «¿Prima, tú sabes lo que me estás pidiendo?», le hizo saber, estupefacta, a bote pronto. «Ella cose muy bien y es muy profesional, pero de vestir a gente de academia para las ferias a hacer un vestido para la Pantoja? Su cara lo decía todo», cuenta ahora Carmen, la chica de Ibiza.

    Los siete vestidos para Pantoja diseñados por Álex eran tres trajes de noche, dos de flamenca y dos batas de cola (seis de ellos se pueden ver en la página 5). Los de noche los encargaron a Pepita Boned, una modista ibicenca con más de 40 años de experiencia y especializada también en trajes de novia.

    Y llegó el momento de hacer la primera prueba: en Cantora, la casa de la tonadillera y lugar de peregrinaje para sus fans. Era un día de agosto de 2014, a las 14 horas, con una temperatura de 40 grados. «Cuando llegamos a la puerta, nos preguntamos ¿qué hacemos nosotros aquí?», extrae Carmen de la maraña de recuerdos de ese día tan especial. «Es un poco ñoño lo que voy a contar: íbamos los dos cogidos de la mano por el camino que tanto hemos visto por televisión. Era todo un sueño», añade. Qué graciosos son estos niños, habría reiterado Pantoja, probablemente, si hubiera presenciado esta escena desde la rendija de una ventana.

    La prueba se alarga hasta medianoche

    Para mayor sorpresa de Carmen y Álex, la visita no se limitó a la prueba del traje. «Nos acogió como el que va a la casa de un familiar. Nos sentó en su mesa y nos dijo qué queríamos para comer. Y lo que iba a ser un par de horas, se alargó hasta la medianoche. Y nos decía que nos quedáramos [a dormir]», relata Carmen.  Quedaban pocos meses para el ingreso en prisión de Isabel Pantoja por la condena de dos años por blanqueo de capital en el llamado caso Malaya. Entonces, la tonadillera les dijo que tenía «una situación complicada»: «Sólo quiero que me esperéis porque quiero vestirme con vuestros trajes».

    En ese momento, Álex y Carmen le confiesan a la artista que ellos no saben nada de costura y que los trajes los confeccionarán la prima Carmen y Pepita, las «mejores personas» en las que podían confiar. A Isabel no le importó. «Jamás salió de su boca: ´Me hacéis perder el tiempo. Cuento con diseñadores que os barrerían´. Nunca», destaca Álex.

    Pantoja ingresa en prisión

    El 21 de noviembre de 2014 la tonadillera entró en prisión. Carmen y Álex restan importancia a este dramático episodio de la biografía de Pantoja. «No tenemos una vivencia especial, salvo que iba a pasar una mala experiencia, un mal momento en su vida. Es su vida privada y nosotros no nos metemos ahí», señala Carmen, a lo que su socio y amigo añade: «Yo quería que se vistiera con nuestros trajes, y lo que haya hecho, lo ha pagado. Ni le hemos preguntado ni somos nadie para juzgarla». El paso por la cárcel de su «musa» no les incomoda, dicen, ni condiciona su admiración hacia ella. «Ha pagado, y ya está», insiste Álex. «Yo quiero a la Isabel Pantoja artista. El fenómeno que se sube a un escenario y lo revoluciona todo», agrega, por su parte, Carmen. 

    En este punto, los dos coinciden en que les ha sorprendido que Pantoja, en la distancia corta, alejada de los focos, «no tiene nada que ver con la imagen que se transmite por televisión». «Puedes entender que, cuando tienes a medio país encima y criticándote hagas lo que hagas, uno tiene que ponerse una coraza sí o sí», opina el diseñador.

    Durante su estancia en la cárcel, Pantoja mantuvo igualmente el contacto con los dos fundadores de Arrabalera a través de un colaborador. «Le enviábamos dibujos, y ella nos animaba a seguir y nos decía que pronto se acabaría todo», recuerdan. Y todo acabó. A principios de marzo de 2016, la artista obtuvo la libertad. Y Carmen y Álex regresaron a Cantora para hacer más pruebas de los vestidos, que, por una cuestión contractual, la artista sevillana aún no ha podido lucir en sus conciertos.

    ¿Y cómo se explica que una figura de la talla de Pantoja haya confiado en estos dos flamantes empresarios de la moda, sin ninguna experiencia? «Me voy a echar flores», se atreve a decir Álex. «Creo que es mérito nuestro. A la buena gente se la ve. Quizá no vio la exageración de algunos fans. Yo la admiro por lo que me da sobre el escenario. Eso se lo hemos dicho. Nos ha abierto las puertas de su casa, hemos dormido en Cantora. Pero pese a todo ello, hay una distancia, un respeto», explica. Carmen considera que «una amistad no se busca, surge». «Ella es una persona a la que admiramos, con la cual mantenemos un contacto, y a la que queremos, pero con los pies en la tierra», describe.

    La historia no culmina con la entrega de los siete vestidos. Queda bastante más. En uno de los encuentros con Pantoja, Álex le preguntó si podía hacer una camiseta con un estampado de la célebre frase ´Cómprate una vida´, la que la artista espetó a una periodista que la atosigaba y que tanto dio que hablar. Ella le dio su conformidad, pero le dijo que la quería para ella. El diseñador de Arrabalera explica que, en ningún caso, vio un posible filón comercial. «No conocemos el mundo en que nos estamos moviendo. No podía intuir que iba a tener la repercusión que está teniendo. En ese momento sólo pensaba en hacer una camiseta para ella con su frase y que, por supuesto, llevase nuestro logo y nos ayudase a dar a conocer nuestra marca. No pensaba que se la iba a poner en Perú. No fue nada premeditado. Hemos ido a salto de mata», explica.

    Sissy: una empresa con Isa Pantoja

    Tras el revuelo mediático que causó la camiseta, en junio de este año, en otro encuentro en Cantora, ya se habló de crear otra empresa para gestionar la comercialización de este tipo de prendas. Fue entonces cuando la cantante planteó la posibilidad de que los dos fundadores de Arrabalera se asociaran con su hija Isabel (Isa), dado el interés de ésta en la moda. Así surgió la nueva marca Sissy, el nuevo reto de los ´arrabaleros´. «Nos pareció bien, ella [Isabel hija] está encantada. Yo hago los bocetos, pero ella tiene bastantes ideas y colabora mucho. Entre los tres hemos diseñado el tipo de camiseta, la estampación y la tipografía», explican los socios de la pequeña del clan Pantoja.

    Mientras el nuevo proyecto de Carmen, Isabel hija y Álex está a punto de echar a andar, Arrabalera sigue su propio camino a velocidad de crucero. «Vemos que cada vez se nos abren más puertas, como si nos estuvieran empujando. Nos sorprende eso, el hecho de haber empezado como jugando a muñecas y llegar a conseguir esto: contactar con Pantoja, que quiera colaborar y apueste por nosotros y que su hija participe en este reto», destaca el diseñador.

    Arrabalera cuenta ahora con su propia colección de moda, pero su especialidad es hacer ropa a medida. Isabel Pantoja les ha hecho volar, pero entre sus clientes cuentan también con la cantante Laura María Larrea Puerto, asidua en los programas de televisión de copla en Andalucía y que el pasado 11 de febrero participó en ´Qué tiempo tan feliz’, de María Teresa Campos en Tele 5, con un traje azul de Arrabalera. «De un día para otro nos dijo: si venís a Madrid y me traéis un vestido, me lo pongo. Fue otro puntazo», apunta Carmen, que destaca que Laura se ha convertido en una colaboradora de la empresa y ha protagonizado los desfiles que ha organizado en Formentera el joyero Desantis. 

    El bailaor madrileño Mario Bueno, conocido por su participación en un programa de La Mancha (´A tu vera´), entre otros, también se ha apuntado al club de Arrabalera. «Nos ha pedido un vestuario para sus actuaciones», explica, orgullosa, Carmen. A Mario también lo conocieron en el club de fans de Pantoja, siempre Pantoja. Todos ellos ya han estado de vacaciones en Ibiza, y, obviamente, en el atelier de Puig d´en Valls.

    Al mismo tiempo que Arrabalera ha ido creciendo, Álex le ha ido tomando gusto no sólo a pintar sus «kekas», sus muñecas, sino que se ha lanzado también a la costura, algo impensable un tiempo atrás. «Veía que me estaba metiendo en un mundo en el que o bien te pones a estudiar y a aprender o te retiras. Empecé a estudiar, y sigo yendo a clases de patronaje y de costura. Ya llevo dos años cosiendo y tenemos nuestro propio taller con máquinas. Ya me atrevo. Me das un patrón y soy capaz de hacerte un vestido». 

    También se apuntó a clases de dibujo, pero lo dejó pronto. No le gustó la parte más académica. «Lo intenté, pero cuando empiezan con lo de que el dibujo de la figura sale desde el hueso hasta el músculo y que hay que darle la forma de la musculatura… No me cuentes esto. Yo quiero mis kekas, con sus curvas», reconoce. Tal cual como empezó todo, como «un juego de muñecas».

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