Los loteros de Ibiza, con el cava en la nevera por si toca la Lotera de Navidad

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    Récord. Las administraciones de lotería de Ibiza destacan las ventas que están logrando este año en el Sorteo Extraordinario de Navidad, cunado todavía quedan tres días de ritmo frenético con los clientes de última hora. A falta de las cifras definitivas cuando cierren las ventanillas el jueves por la noche, algunos establecimientos ya avanzan que el incremento puede llegar al 35% en relación a la temporada pasada.

    Mercedes Mayans llega con tres botellas de cava y bolsas de aperitivos a la administración de lotería Eivisort, en Vila. Las lleva en previsión del Sorteo Extraordinario de Navidad, «por si toca algo aquí el viernes y hay que celebrar». Ha comprado una marca que este año añade una etiqueta con el lema «Algo maravilloso va a pasar» y ha tenido un presentimiento. «Hemos vendido dos quintos premios y ya va siendo hora de que toque algo más», confía.

    De momento, este año puede estar satisfecha porque la semana pasada ya superaron las ventas de 2016, cuando «todavía queda hasta el viernes y se han puesto más décimos a la venta que el año anterior, porque se ha pasado de 165 series por número a 170», destaca Mayans.

    En la cola, que se alarga hasta la avenida Isidor Macabich, se encuentra Juan Antonio Rubio, que viene a buscar calendarios con participaciones que reparte entre los clientes de su empresa de pintura. Cada año encarga 500 y es fiel al número 23.597. «Los números impares son los que más vendemos, sobre todo los acabados en cinco y siete».

    A una manzana, junto al Parc de la Pau, se encuentra la pequeña administración donde atiende Lina Cardona. Acaba de salir Pere Vila de comprar las apuestas semanales de Bonoloto y Primitiva, que «cuestan mucho menos y con los que se gana mucho más». «Creo que la Lotería de Navidad es un poco una tomadura de pelo, más que las otras, encima Hacienda se queda el 20%», lamenta. Así y todo, Pere admite que también compra cada año a su barbero: «Siempre me comenta que me ha guardado un boleto, así que lo compro». No recuerda cuál es, sólo sabe que cada año acaba en 22, desde que el Dúo Sacapuntas popularizó este número en los años ochenta, gracias a sus apariciones en el ‘Un, dos, tres… responda otra vez’».

    Obligado por la publicidad

    Joan López también acude una vez a la semana para comprar «una apuesta de cada tipo», pero no se prodiga mucho con el sorteo navideño. «Ya sólo compro un décimo para mí y otro para mi hijo, porque ves tanta publicidad que al final acabas participando, parece una obligación». «Antes sí que compraba 7 décimos al año, pero lo dejé cuando vi que me salía más caro y tenía menos posibilidades que con la Primitiva o el Euromillones».

    Encargos de viaje

    Joan también era de los que compraba Lotería de Navidad cuando iba de viaje o encargaba a otros, aunque «es un lío que te pidan que traigas, porque al final acabas gastando más porque también adquieres para ti por si toca al otro».

    En esta administración también hay más gente en la avenida Isidor Macabich guardando cola que dentro del pequeño local. Se nota que es lunes, el día de mayor afluencia de clientes, más ahora cuando muchos aprovechan los últimos días para adquirir algún décimo para el viernes. Dentro, Lina Cardona cuenta cuál es el número más raro que le han pedido nunca: «El 00000».

    ¿Qué puede llegar a impulsar a alguien a comprar el décimo 00000? «He tenido un presentimiento, ya veréis como me toque algo», bromea Pedro Sáez. Lina Suñer, de la administración de Lotería de la calle Bisbe Torres, en la Marina, tras superar su incredulidad, teclea el número en el terminal electrónico, pero aparece que no está disponible. «No sé si se ha agotado, porque hay números que sólo se ponen a la venta exclusivamente como décimos impresos», aclara la dependienta. «Pues a ver si tienes cualquiera que acabe con cuatro ceros, el 20.000 por ejemplo». Tampoco puede ser expendido.

    A la tercera va la vencida y el terminal sí que da como disponible el 40.000. Pedro se lo lleva, pero también tiene algún décimo más. «El año pasado gasté 600 euros en Lotería de Navidad, ahora llevaré unos 400 gastados, creo que ya no voy a comprar más», relata.

    Se nota que Lina Suñer es de Sant Jordi, porque en un cuarto de hora aparecen tres vecinos a su establecimiento. Primero, su primo, Vicent Serra, que pide el número 23.109. No está, tampoco el 74.190. «Son mis números de la suerte y siempre juego a ellos», explica Serra.

    Número de la suerte

    Tras admitir entre risas que si fueran de la suerte ya le habría tocado alguna vez («pero no hay que perder la esperanza, yo seguiré insistiendo») busca entre los décimos impresos expuestos en la ventana. Elige el que acaba en 11. Entonces, Lina Suñer explica un curioso fenómeno: «Ya verás cómo ahora algún cliente de la cola también se lo va a llevar».

    El siguiente cliente elige el 05132 porque le atraen más «los que empiezan con 0», contradiciendo a buena parte de los loteros, que indican que estos son difíciles de vender. Llega otra clienta y su invitación a intercambiar salsa de nadal con Lina delata que también es de Sant Jordi. También compra cada año el mismo número, una cifra que le es bien familiar: coincide con la placa de identificación de su casa. Acaba en 13, «uno de los números más difíciles de encontrar, porque es de los más solicitados», explica la dependienta. «También se pide mucho la terminación en 69, en 15 y, ahora, el 17 y el 18, porque coinciden con el año que acaba y con el que va a empezar».

    El año del 155

    Aunque las administraciones de lotería han tenido en 2017 una solicitud especial: «El 155 se agotó en un sólo día en toda España». Llega otro vecino de Sant Jordi, Pep Ribas, aunque sólo para llevar un café con leche a Lina. «Yo no tengo esta fiebre por la Lotería de Navidad, me puedo comprar un décimo a lo mejor, pero este año un amigo ha tenido un detalle y me ha traído uno de Bilbao», relata.

    En la administración de lotería de Santa Eulària se confirma que un cliente se siente atraído por un número elegido por los que le preceden en la cola. Laura Serrano elige el 71.101. «Es un encargo de mi madre, que vive en Madrid, y lo juega a medias con una amiga suya». En su inminente viaje a Madrid, Laura, que nunca juega a ningún otro sorteo, también tiene otro encargo de su madre, el número de la Peña Deportiva de Santa Eulària: «Mi novio juega allí y es un décimo que mi madre juega a medias conmigo, pero este número ya se agotó». «Mira, esa mujer elige también el 71.101», advierte.

    «Sí, lo he elegido porque, cuando la chica lo ha señalado, me ha gustado», explica Solange Alves da Silva. «Yo soy muy intuitiva y me he llamado la atención el número cuando lo estaban comprando, así que he decidido elegirlo. Con este décimo, ya son diez las apuestas con que Solange va afrontar el sorteo de este año, pero es el primero que compra en esta administración. «Yo vengo todas las semanas, pero todavía no me había llevado ninguno de aquí hasta el último día, ya que ahora me voy de vacaciones unos días a Burgos».

    Años de nacimiento

    Entre los décimos que compra cada año Solange, siempre cuenta con «algunos terminados en sesenta y pico y noventa y pico, porque son los años de nacimiento de algunos familiares y amigos», confiesa.

    Solange confía en que en esta ocasión pueda conseguir alguno de los premios de mayor cuantía. Ya le pasó una vez, en el año 2003, cuando vivía en Burgos. «Pero era un décimo compartido entre varias compañeras de trabajo, así que al final sólo me llevé 500 euros», recuerda.

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