Ser alcohlico es ms que ir borracho

Ser alcohlico es ms que ir borracho

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Mareos, tropiezos y risas. Es lo que provocaron ayer entre los participantes las actividades destinadas a dar a conocer a los ciudadanos los efectos del alcohol en la visión y en la percepción, que el Ayuntamiento de Sant Antoni había programado durante la jornada en plena calle. Además, algunos integrantes de Alcohólicos Anónimos aportaron sus estremecedores testimonios.

«Nunca dejas de ser alcohólico. Es una adicción que nunca te abandona, una enfermedad que no tiene cura. Jamás podrás decir que eres un exalcohólico, que has superado este problema», explica Pedro, miembro de Alcohólicos Anónimos, que está junto a tres compañeros a las puertas del Ayuntamiento de Sant Antoni. Charlan y se ponen al día, llevan años sin beber y están allí para dar apoyo al Consistorio en la campaña que el área de Servicios Sociales y la de Juventud han puesto en marcha con motivo ayer del Día Mundial sin Alcohol.

«Hemos programado unas actividades para que la gente conozca los efectos del alcohol y cómo puede llegar a afectar en cosas cotidianas como caminar en línea recta, encestar una pelota o hacer una torre con bloques», explica Conchi Ordoñez, educadora social del área de Servicios Sociales municipales.

Han puesto a disposición de todos aquellos que quieran participar unos zumos naturales –«un perfecto sustituto a cualquier vaso de alcohol»–, además de unas gafas de realidad distorsionada que simulan los efectos de una borrachera.

Durante toda la mañana algunas personas se acercan a probar estas gafas de visión distorsionada y casi todo el mundo tiene la misma reacción: «Qué mal se ve, me he mareado». Esa es la primera exclamación de los voluntarios. Hay unas gafas diurnas y otras nocturnas, que según Conchi son « heavy level».

«Es imposible realizar los ejercicios que nos han puesto con las gafas puestas. Yo alguna vez he bebido dos o tres copas de más y se ve tal y como ves con las gafas, es impresionante. El problema es que cuando has llegado a ese nivel de visión, tu cabeza tampoco está lúcida, por eso no nos damos cuenta de lo mal que podemos llegar a ir», cuenta David, uno de los participantes, mientras intenta colocar nueve piezas de madera una encima de la otra y no consigue apilar más de cuatro.

Al mismo tiempo, un amigo suyo intenta realizar el recorrido marcado con hilos en el suelo. «Yo nunca bebo más de dos copas, nunca me paso, bebo muy poco», explica, mientras empieza a caminar encima del hilo. «Eso es lo mismo que yo decía cuando todavía no había admitido mi enfermedad», murmura uno de los integrantes del grupo de alcohólicos anónimos.

Testimonios

Los del grupo de la asociación están allí para dar apoyo y contestar a las preguntas que la gente quiera realizarles, incluso para contar su historia. «Yo soy Pedro, Pedro y nada más, soy alcohólico y por lo tanto, anónimo», explica uno de ellos. Detalla que Alcohólicos Anónimos trabaja con cinco grupos en toda la isla de Ibiza y ayuda a unas 60 personas. «Pero de todos los que empezamos el tratamiento, sólo lo acabamos cinco. Es un proceso duro y mucha gente no llega al final», relata. Los famosos doce pasos de AA.

Según explica Pedro, al finalizar las primeras 60 reuniones puedes empezar a considerar que estás superando poco a poco tu adicción. «Muchos de nosotros sabemos que nunca recordaremos todo lo que hemos hecho cuando estábamos bebidos. Somos conscientes de ello y nos arrepentimos de todo aquello que no podemos recordar. Lo que podemos hacer ahora es no volver a recaer. Es una enfermedad que mata, a nosotros y también a veces, causa la muerte de personas ajenas a la adicción. Como cuando coges un coche bebido y sufres un accidente», añade.

A pesar de ser un grupo anónimo, no tienen problema en contar su historia, ya que es la manera en la que van superando su adicción en las reuniones. «Yo prefiero no decir mi nombre, pero puedo decir que, si hay algo en tu día a día que necesitas para vivir, aunque no llene ninguna necesidad vital, es que eres adicto y lo primero que tienes que hacer es dejar de culpar a la sociedad y al mundo y darte cuenta de que el problema lo tienes tú», explica otro de los alcohólicos del grupo.

Mientras los testimonios se suceden, más personas se han acercado, interesadas por la vida de los que han pasado por la adicción a la botella y para probar lo que es vivir un día en ese infierno cotidiano. «Yo no he probado nunca una gota de alcohol por una enfermedad que tengo, pero mi suegra se bebía una botella de vino al día ella sola ¿Era alcohólica? Porque yo nunca la vi borracha», pregunta María. Es la pregunta del millón, todos se miran y sonríen. «Ese es el gran problema de un alcohólico. No necesitas estar borracho para serlo. En el momento en que necesitas esa copa, es cuando tienes un problema», le responde Pedro.

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