Un poblado de chabolas en Ibiza

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    Vivienda. El Ayuntamiento no sabe cuánta gente vive en estas chabolas instaladas entre el Hospital Can Misses y la casa payesa de sa Joveria, aunque asegura que no hay menores ni personas con necesidades especiales. Dos de los habitantes del poblado, una pareja de nacionalidad rumana, explican que el precio de los alquileres en Ibiza no les deja otra opción que vivir en la chabola.

    Dori y Alejandro, una pareja de mediana edad de nacionalidad rumana, cuentan que llevan cuatro meses en la isla y que no encuentran una vivienda en alquiler que puedan pagar. «Por eso vivimos aquí, porque la vivienda es muy cara en la isla», explica él con gran amabilidad a la vez que abre las puertas de su casa, una chabola levantada detrás del Hospital Can Misses a base de plásticos, maderas y algunos perfiles metálicos. No están solos. Junto a su casa hay otras tres o cuatro. Algunas levantadas con bastante esfuerzo y buen gusto. También hay al menos una tienda de campaña en la que, al parecer, pernoctan dos personas. «Tenemos agua, electricidad y gas», asegura. Los perros, unos cuatro o cinco, todos atados menos uno, no paran de ladrar mientras Alejandro y Dori muestran cómo viven.

    «No pasa nada, sólo ése de ahí es peligroso», dice Alejandro mientras señala a un perro blanco con evidentes malas pulgas, que muestra los colmillos a los visitantes. Duermen y cocinan en la misma estancia, y el frío de la mañana lo matan con la cocina de gas. «El Ayuntamiento nos trata muy bien, nos dan comida y de vez en cuando vienen por aquí», añade Alejandro. Entre las chabolas hay varios vehículos y también un panel solar que sirve para abastecer de electricidad a algunas de las viviendas. De entre todas ellas llama la atención por su colorido una construida con botellas de vidrio recicladas y otros materiales. En la puerta, cuelga del revés un pareo con el texto inglés: «Una isla feliz». En el Ayuntamiento de Ibiza no saben con exactitud cuánta gente vive en este poblado. «El número de personas varía, ya que algunos suelen moverse y volver de nuevo», apuntaron desde Can Botino.

    Un hombre que ayer por la mañana paseaba cerca de la zona explica que son «varias decenas» los habitantes de este barrio nacido de la necesidad y la falta de vivienda. «Esto no se puede tolerar, cualquier día va a pasar algo», advierte este hombre, que dice que aquí viven decenas de personas. Después añade con sorna: «Así es la vida, miles de pisos vacíos ahora en invierno y toda esta gente viviendo en la calle». Además de las cuatro o cinco casetas y de la tienda de campaña, hay varias autocaravanas y un camión aparcados en el estacionamiento situado cerca del colegio Sa Joveria, en las que también viven varias personas. Por la mañana se les ve ventilar los vehículos y asearse como pueden. Desde el Consistorio apuntaron que trabajadores del departamento de Bienestar Social y agentes de la Policía Local «acuden periódicamente por esta zona bien para hacer filiaciones o bien para ofrecer [a los habitantes del lugar] los distintos servicios y programas de los que disponen, tanto en el Ayuntamiento como en las oficinas que hay en distintos puntos de la ciudad». El Consistorio afirma que en este poblado no hay menores ni personas con necesidades especiales. «De todos modos, en caso de encontrase menores allí o en cualquier otro lugar del municipio, se pondría en conocimiento de Consell, que es la administración que tiene competencia en esta materia», añadieron.

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